per Kira Parra

 

Los músicos que acompañan al poeta, escritor, dibujante, filósofo y, sobre todo, músico Julio Bustamante ya se presentan con un juego de palabras que resume la naturaleza de sus canciones: Lavanda. Lilas, relajantes, regalan belleza. Así, Antonio J Iglesias estuvo golpeando la batería, Lucas Balanzá con el bajo y los coros y Montse Azorín acompañándolo con su voz. Con esa presentación, solo podíamos esperar cosas buenas de aquel concierto. Sobre La misión del copiloto, el último disco del valenciano, dice su autor que se empezó a gestar en 2014 entre Barcelona y Valencia y de la mano de músicos tanto de aquí como de allí: Hans Laguna, Cristian Pallejà o Santi Bernal entre ellos.

 

Con aún cenas sobre las mesas, Julio Bustamante y Lavanda entonaban las primeras canciones sobre el escenario del bar de La Capsa. Sonó Pobles al costat del riu, de su anterior disco En el nombre del gato para dejar paso a la presentación de La misión del copiloto, su último trabajo. Empezaron con La doble – con la letra sacada de Crónicas de motel, poema de Sam Shepard–, Lo desconocido y Superulls del rodalies y La misión del copiloto, que sirven de ejemplos de lo que son las canciones de Bustamante, cargadas de amor e ironía a partes iguales.

 

Mientras lees en voz alta Montse Azorín, sustituyó perfectamente las voces de Nacho Vegas, Clara Viñals  –de Renaldo y Clara– y de María Rodés, quienes cantan en el disco en Iratxi, Viure sense esperar y El Cel de les Cançons, respectivamente.

 

En el ecuador del concierto sonó La palabra cepillo, en la que incluyeron un final homenaje a The Doors haciendo sonar un “c’mon baby light my fire” enternecedor. Pasaron por Somriure astut o Veu de neu hasta llegar al final, con todo el público encandilado. Fue con En el nombre del gato cuando sonaron con más fuerza y rabia que el resto, y es que su letra reza que “los jóvenes que siempre se rebelan ante la apatía y la tristeza, cansados de esperar lo que no llega, de circular siempre por la derecha” y algo de reivindicación política en voz alta, aunque para cada uno signifique algo distinto, siempre sienta bien.

 

La despedida empezó de lo más pop con Contigo a la deriva, con unos coros y unas palmas que sonaron desde encima y desde debajo del escenario, y terminó tras un bis en el que el público siguió colaborando cantando eso de “València no s’acaba mai, arriba fins Altea i Eltx; del carrer de Cavallers a la platja d’El Pinet, i a Barcelona també”, para remarcar la ya trazada línea que une a Julio Bustamante con la ciudad catalana.

 

Además, quienes estábamos allí nos habíamos visto antes –o nos imaginábamos– en conciertos de estilos muy distintos. Pero la música de Julio Bustamante une en tiempo y en espacio.El folk mediterráneo es inimaginable sin las canciones frescas, llenas de la sencillez propia de la sinceridad y la ilusión de Julio Bustamante, y en el bar de La Capsa se demostró que la honestidad hecha música siempre apetece.

foto Gabri Guerrero  
Julio Bustamante